No es una novedad si digo que el sistema de producción capitalista al que nos vemos sometidas en inhumano, pero cada vez me doy más cuenta de que, sobre todo, es insostenible para las mujeres.
Vivimos en un mundo en el que lo objetivo, lo normal, o la norma a seguir es lo masculino. Existe la literatura (amplia y bella) y la literatura de mujeres (específica), la historia y la historia de las mujeres, el porno y el porno para mujeres. El mundo no es de las mujeres, ni está hecho a su medida y cuanto antes lo asumamos, antes podremos cambiarlo.
En un sistema capitalista feroz, este patrón se incrementa hasta la violencia extrema contra nuestros cuerpos. Pues el ritmo economico-laboral no está pensando en cómo somos, en este caso las biomujeres. No tiene en cuenta nuestra ciclicidad mensual, pues se planifica en ciclos anuales (si eso). Como el patrón no menstrua, no está contemplado que nosotras lo hagamos. El patrón no se embaraza, no está contemplado que nosotras lo hagamos. El patrón no pasa la menopausia, pues no está contemplado, ni por asomo, que lo hagamos nosotras.
Esta es una de las razones por las que yo hablo de feminismo y me rechina y refastidia la palabra igualdad, pues no luchamos por ello. No queremos vivir en igualdad en un mundo que no nos contempla, sino que queremos construir un mundo nuevo.
Cuando sangramos debemos descansar, cuidarnos, dormir bien, tomar buena alimentación y ser respetuosas con nuestro cuerpo y nuestro ciclo; y no por el hecho de que la menstruación duele porque eso no debía ser así, Erika Irusta habla de que el 70% de los problemas menstruales tienen que ver con un cuestión cultural: si duele es que hay algún problema. Empoderarnos con y desde nuestros cuerpos pasa por no someternos a los ritmos impuestos del patriarcado.
Algunas de las cosas horribles que he leido esta semana pasan por decir que si la mujer quiere faltar al trabajo porque tiene la regla, tiene que tener un justificante médico. Ya es oficial, odio a la institución médica y a todxs sus fieles. Las mujeres no somos continuas menores de edad que requieran una supervisión y un papelito que les de permiso para descansar, ya sabemos muy bien nosotras cuando hacerlo. Claro, pero entonces la picaresca las llevará a no ir nunca a currar [Voz de señor patriarcal]. Vale, pues entonces no demos días de baja para nadie, que la picaresca es muy mala para todos. Me asombra oír el discurso del poder en la boca del obrero.
Otras perlas que también se han soltado es que nuestra menstruación, nuestra maternidad y nuestra menopausia son motivos para contratar antes a un hombre que a un mujer. Cosa que simplemente reafirma que el mundo es suyo, porque olvidamos que trabajamos por nuestra vida, no para alimentar a máxima potencia las sucias máquinas del sistema. En fin, que asco.
No somos débiles, ni somos flojas, lo que no es normal es ir en contra de nuestro cuerpo. Forzar nuestro mecanismo cuando nos pide reposo y aguantar toda esa violencia de buena gana, con una sonrisa, incluso entrando en ciertas competiciones es enfermizo, y esto pasa porque el mundo premia esas actitudes. Pero amigas, ser machota, aguantar sufrimientos y negar nuestra naturaleza para asemejarnos a la norma de mundo y no luchar por hacer el mundo nuestro es lo más débil y flojo.
+ Para saber más de nuestro ciclo y conocer como debemos mimarlo entra en el blog de Erika Irusta: El camino rubí






