Seguro que a estas alturas todas habéis leído la noticia de que el soldado Bradley Manning, el que destapó al mundo a través de Wikileaks los crímenes de guerra que cometía EEUU en diferentes países o diferentes cables diplomáticos, va a comenzar su tratamiento hormonal y quiere que la llamemos Chelsea.
Creo que si la dejásemos, ella sola destruiría el patriarcado. La persona que ha puesto en jaque la diplomacia y la seguridad de la primera potencia mundial del capitalismo es una mujer transexual, poniendo en jaque otra forma de violencia sistémica: el género. Todo empieza a desmoronarse y me alegra estar viva para poder seguir empujando desde abajo hasta que podamos derruirlo del todo.
Manning fue obligada a meterse en el ejercito para ver si en un ambiente ‘hipermasculinizado’ (what?) resolvía el conflicto que tenía al sentirse mujer en un cuerpo que no le correspondía. Y así lo ha hecho, denunciando a asesinos y torturadores, liberándose (y liberándonos) de lo que realmente estaba mal y no era ella: un sistema que mutila a las personas.
Los pequeños gestos, las pequeñas luchas y el batallar cotidiano, permiten un respaldo de años al valor de Chelsea Maning. ¿Qué no cambiamos nada? Es falso, cambiamos nosotras, cambiamos el mundo.
Bye, bye patriarcado.






Poco a poco.
“Cambiamos nosotras, cambiamos el mundo”
¡Cuánta razón! Como dices, seguiremos empujando desde abajo, no nos vamos a cansar!
Esta hermana, todo lo desea, todo lo cuestiona, todo lo puede y todo lo consigue…