Ultimamente me han pasado dos cosas que me han servido para reflexionar sobre las interacciones de poder que se dan desde personas con polla el género en el ámbito público.
Quien diga que la violencia cotidiana contra la mujer está superada es que no nos ha observado por la calle, y si lo ha hecho es para colocarnos como objeto receptor de piropos y demases.
Las mujeres cuando vamos solas, solemos andar por la orilla de la acera, muy recogiditas, intentando de forma inconsciente pasar inadvertidas. Nos sentamos en en metro con las piernas cruzadas, para no ocupar casi. En los ascensores con varias personas es más común que sean mujeres las que se meten en las esquinas. Nos dejamos abrir las puertas; en más de una ocasión le he ido a sujetar la puerta a un machote y se ha ofendido tanto que hasta que no pasé yo primero, se mantenía la tipica disputa de -pasa, pasa. -No, tú pasa, pasa. y hasta que no me daba por vencida, ahí se mantenía el reto. Cuando volvemos por la noche, vamos tramando un plan en nuestra cabeza por si nos agreden sexualmente: salir corriendo, quitarnos los tacones, gritar a los balcones cercanos, coger las llaves para defendernos,… ¿O acaso soy la única paranoica?. O veamos como se sientan las mujeres alrededor de una asamblea y como lo hacen los demás. ¿Normas de educación o es que la vía pública no es nuestra y estamos de prestado? A veces pienso que lo que jode de las mujeres gordas no es que no cumplan los cánones de belleza, ni que sea “insano”, si no que se les roba mucho de SU espacio,… pero este ya es otro tema…
Las dos anécdotas me han ocurrido en bares. La primera fue estando cuatro amigas en una terracita, una de nosotras había discutido con su pareja, por lo que el tono de la conversación era alto y vehemente, las cuatro reíamos escandalosamente y formábamos nuestro pequeño griterío, adueñándonos así del espacio. Al rato aparecieron cinco o seis tíos vestidos de traje; de forma completamente involuntaria y casi imperceptible, moderamos nuestra actitud corporal y bajamos mucho el tono de nuestra conversación, oyéndose más la de aquellos tipos, claro.
La segunda volvió a ser en otra terraza en la que nos sentamos cuatro amigas al lado de sólo dos chicos jóvenes (que por casualidades del destino también llevaban traje, signo del mal). He de decir que obviamente en la terraza también había mucha más gente, claro. Hablábamos en un tono muy correcto, incluso de cosas correctas. Llegué a sentirme realmente incómoda pues nos miraban de forma directa y autoritaria, como legitimados para ello, parecía que estuviesen sentados a nuestra mesa. Todo esto cambió en cuanto se fueron, volvimos a desparramarnos en las sillas, hablar de lo que nos dio la gana y de la forma que nos dio la gana.
No creo que mis acompañantes se dieran cuenta de nuestro cambio de actitud, pues tenemos eso tan asumido y tan maquillado como “modales”, que forma parte de nuestro mal llamado saber estar. Yo lo que puedo decir es que no me siento libre al estar intimidada continuamente en los espacios comunes, y no hace falta que esas intimidaciones se conviertan en un piropo palpable. Me cuesta mucho trabajo de reeducación ir por el centro de la acera, abrir las piernas (como hacen los tipos, porque dicen que se les aprietan los huevos) cuando voy sentada en el metro, o girarme con atrevimiento cuando oigo pasos trás de mi (antes agudizaba el oído e intentaba fijarme en las sombras del suelo para ver si alguien me seguía).
No quiero seguir siendo invisible y, sobre todo, no quiero desear ser invisible cuando salgo de mi casa. Quiero ser dueña de MI espacio. Porque la calle y la noche también son nuestras.






Las mujeres no son libres en el espacio público desde el primer momento en el que éste es ocupado en su mayor parte por los hombres. Solo hace falta ver un patio de colegio: los niños ocupando el espacio jugando a fútbol y las mujeres apartadas en grupitos. El espacio público siempre ha sido del hombre, la mujer, dedicada a las tareas reproductivas, se ha tenido que dedicar al privado.
Brillante…
Cuando me di cuenta de todo lo que has contado, empecé a dejar de hacerlo ¡Qué gusto!, ahora abro las piernas donde me da la gana, aunque vaya con vestidito, camino por donde quiero, hablo de lo que quiero y en el tono que me da la gana. Si alguien me mira, miro en plan ‘wat?’, si me dicen algo, se las verán conmigo… y si me tocan, con mi spray. No veas lo bien que sienta hacer de cada día un acto de reivindicación.
Al leerlo me he acordado de una situación parecida de hará un año. Estábamos 3 chicas y 1 chico sentados en una terraza, y en la mesa de al lado había 2 chicos. Nosotros estábamos hablando de temas sexuales varios, sin importarnos quién pudiera escucharnos, pero en eso que nos dimos cuenta de que los dos chicos de al lado nos miraban y se callaban para escucharnos, y al final incluso se querían meter en nuestra conversación y nos ofrecían un poco del porro que estaban fumando, haciéndonos sentir incómodos a los cuatro. Puedes pensar que fueron majos y solo intentaban hacer amigos, pero estoy completamente segura de que si en nuestra mesa hubiéramos sido todo hombres ni se hubieran molestado en decirnos nada. Vamos, que todos tuvimos la sensación de que les pareció muy interesante que 3 tías estuvieran ahí libremente hablando de sexo y su acción de darnos conversación fue totalmente interesada, invadiendo así nuestro espacio.
Como me gusta lo que has escrito, cuantas veces yo he pensado lo mismo, cuantas veces he intentado salir de juerga solo chicas, y ha sido imposible, porque parece que un grupo de chicas no puede pasarlo bien si no alterna con chicos, que pesados y prepotentes cuando les demuestras que no te interesa lo que te vienen a contar, que no has hecho nada para llamar su atencion y aun asi se acercan como si fueran la unica coca cola del desierto, y lo que es peor, alguna vez se me ocurrio decir las cosas a la cara, con una chuleria caracteristica de que te estan tocando los ovarios, y pasas de ser interesante a ser una “puta zorra” palabras textuales con puño en alto a la salida de la disco. Y note suelta un galleton pues porque hay testigos. Estas situaciones son demasiado frecuentes, te sientas en el metro a las seis de la mañana ,para volver acasa, cansada algo tocada por el alcohol, sola, y tienes que estar con mil ojos, que no se te siente al lado un machito borrachin de esos que estan casados , que quiera hablar contico, que le dices que por favor te deje descansar, que no hay gansas de hablar, incluso respetuosamente, pero estas sola y es lo que hay!
Es muy interesante tu reflexión y es cierto que es un trabajo de reeducación terriblemente costoso, pero no imposible! Hay una cosa con la que no estoy de acuerdo o, más bien, que no considero que esté bien expresada. La gente que piensa que la violencia callejera contra las mujeres está superada no son solamente hombres, lo que dificulta mucho más nuestra lucha. He oído a mil mujeres diferentes decir las barbaridades más grandes en contra de ellas mismas. Eso es lo que hay que eliminar, la idea de que el género es algo natural, de que existen ciertas características ligadas a cada uno: la sumisión en lo femenino o la dulzura, la agresividad y la fuerza en lo masculino. Ojalá pudiera decir otra cosa, pero el heteropatriarcado es una realidad que se va recreando en cada momento por la actitud y los papeles que toman aquellos que lo conforman, tanto hombres como mujeres.
Creo que aunque el espacio público no ha sido nuestro del modo como lo es para los tios, nos lo tenemos que apropiar por las malas o por las malas, no hay de otra.
Yo no he sido de las que camina encogida por la acera y con el paso de modelo, ahora si es verdad que las calles, los ascensores, los recovecos oscuros y poco transitado me ponen en alerta y esto es un jodido rollo… otra cosa, me encanta decirle a los pulpos ” que no me toques joderrrrr” conectada con toda rabia, con mis ovarios en pie de guerra cada vez que un gilimachirulo se cree en el derecho de ser guay, simpático o no se qué cojones y sin invitación va y zas, abrazo, manos encima como si nos conocieramos de toa la vida…en fin, la última fue este finde semana y cada vez soy mas consciente de que tengo que decirlo con rabia, molesta, no haciendo ninguna concesión, ni haciendo ninguna gracia, ni siendo imaginativa y guays ni ná!. Porque la rabia también es nuestra y la podemos manifestar!
qué onda cabras? parecen feminazis, la culpa no es de los hombres, es de la sociedad, acaso si se sientan como se les plasca en el metro no hay una señora mirándolas? acaso si tiran un pollo en la calle alguien les dice ‘hay que poco señorita’ hombre o mujer, acaso no hay mujeres que miran con el mismo desapruebo las cosas que solo les atribuyen a los hombres? Si bien es verdad que los imbéciles se pasan con los piropos en las miradas va solo en nosotras avergonzarlos como los puercos que son, y va en nosotras romper con las moralidades impuestas por cristianismo y machismo, que no somos puras,somos zorras!
Justo ayer me pasó algo indignante, estaba en una tienda y allí prestan servicio de baño, resulta que las mujeres debemos pagar para orinar pero los hombre tienen orinal ahí disponible; cosa que no me parece correcta, entonces le dije a la cajera mi opinión y su respuesta fue: “pa que son tan cochinas”,”ahí está el jefe, si quiere dígale, usted lo que queire es irse con él al baño”….
Ya lo había pensado de esa forma, me enferma que cuando estoy por la calle de noche pienso que cualquier tipo que pasa es un posible agresor; y si la calle está vacía la cosa no es mejor, estar pendiente si aparece alguien, caminar en la calle, TODO POR MIEDO. No quiero más! Soy libre!!!!!
Ayer justo fui a un parque a tomar el sol y un tipo se me acercó saludándome varias veces hasta que finalmente me quité las gafas de sol y le miré, para luego decirme ah perdona, como si se hubiese dado cuenta entonces de que no me conocía.. 5 minutos después le pillé intentando sacarme una foto con el móvil… Y el fin de semana en una discoteca estaba bailando tan feliz y un tipo de los que venden rosas, comenzó a hablarme muy normal al principio para luego intentar comerme la boca y todo lo que pudiera.. Si tomas el sol, lo haces para exhibirte, si bailas es porque eres puta, si te sientas cómoda eres vulgar, si no me quito los pelos de las piernas doy asco, y si digo lo harta que estoy de toda esta mierda soy una radical, una amargada o una feminista probablemente bollera…
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Es cierto que miras hacia dentro y sabes reconocer las cosas que haces, pero no deberías dejar de hacerlo al admitir tuyo (o como tu dices de “las chicas”) el problema. Me ha dado la sensación de que planteabas el problema como si fuera de los tíos cuando ellos en realidad solo ocupan el espacio que les dejas (dejamos?) libre.
Es decir, es tan fácil (y tan difícil) como hacer todo lo contrario a lo descrito, ocupar el medio del ascensor, caminar por el medio de la calle, sentarse como te de la gana, …
Pero vamos, me parece una buena crítica a “lo que nos enseñan”.
Aunque, plantéalo de otro modo: Saliendo a Europa, y según las situaciones tan extremas que describes (chicas recatadas y educadas y chicos que no lo son tanto) -y digo extremas porque no sé si has visto a algunas chicas tan ‘educadas’ que caminan por ahí, notese la ironía- quien estaría más adaptado a una sociedad como la inglesa? la alemana? la … suiza? Los chicos o las chicas?
Igual es que son un poco mal educados.
Pero vamos, yo soy de la opinión de que maleducados, en España, somos un poco todos.
Por cierto, soy tía, y me encanta pasear de noche (cuando vuelvo de quedar con alguien, la disco, etc) sola o en compañía…
Y sin preocuparme de si me atracan…
el miedo no es de que te atraquen. es de que te violen.
“La primera fue estando cuatro amigas en una terracita, una de nosotras había discutido con su pareja, por lo que el tono de la conversación era alto y vehemente, las cuatro reíamos escandalosamente y formábamos nuestro pequeño griterío, adueñándonos así del espacio. Al rato aparecieron cinco o seis tíos vestidos de traje; de forma completamente involuntaria y casi imperceptible, moderamos nuestra actitud corporal y bajamos mucho el tono de nuestra conversación”
Yo a esto no lo llamo machismo encubierto, lo llamo educación. Pero vamos, igual que si hay 4 amigos hombres armando escándalo en un espacio que comparten con más gente. Lo normal es moderar el tono para no molestar.
Gracias por luchar tan vivamente contra el sexismo incrustado en cada poro de nuestra piel… Tiráis del carro de muchas como nosotras, pequeñas pero vivas…
Somos Yo Lloro: http://yolloro.blogspot.com.es/2013/05/mi-sexo-soy-yo.html
Gracias, gracias, ¡¡gracias!!
mucho, mucho, mucho amor!
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Creo que el problema es más bien de las mujeres que adoptan esos roles. Yo por mi parte nunca he tenido esos problemas ni me he sentido indefensa ni mermada en el espacio publico. aveces nosotros mismos nos creamos prejuicios en donde no los hay. Y respecto al protocolo, a mi no me importa que me habrán la puerta, ni que me preparen la silla, todo lo contrario me parece un gesto muy detallista que en ningún momento te esta llamando débil, si te sientes así por ese gesto es que el problema va contigo no con el resto del mundo.
Quieres combatir esos roles, actúa con naturalidad e intenta que no te afecte lo que piensen los demás. Ya veras dejaras de ir sobrecogida por la calle y armaras el jaleo que te de la real gana.