Hoy en día, volver a casa sola y tarde, se convierte en un acto revolucionario.
Transgredir todas las alarmas del “te puede pasar algo”, es una reivindicación
de que el miedo a la violación o la violación en si misma,
no nos va a encerrar en casa.
Que somos libres de movernos en el tiempo y el espacio.

Camille Plagina, feminista norteamericana denomina la violación como un riesgo inevitable, adjunto a nuestros cuerpos leidos como mujer.
Al pensar la violación así, como circunstancia política del heteropatriarcado,
podemos encajarla de forma diferente en nuestro imaginario.
“No sentir vergüenza por estar vivas, sino levantarnos, recuperarnos lo mejor posible;
no se trata de negarlo, o de morir, se trata de vivir con”
De vivir con el hecho de que a las mujeres libres las violan por la calle,
empoderémonos.
La sociedad piensa que la superioridad del violador es simplemente física,
pero esto no es cierto, está avalado para cometer ese acto por esa misma sociedad.
A las mujeres no se nos prepara para defendernos, ni a golpear, ni a agredir.
Se nos enseña la delicadeza, a evitar el peligro y “ser buenas chicas”.
Porque si eres una buena chica nunca te pasará nada malo.
Y si no lo eres, ya tienen preparado tu castigo.






